viernes, 25 de enero de 2019

La última fabada


                                                                            La última fabada
Después de varios meses de ardua investigación, por fin todo estaba listo para echar a andar la operación. Ahora sí lo tenían cercado gracias al chivatazo de un confidente y por supuesto, a una ardua investigación por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Al capitán Serón, le parecía mentira, que después de tanto tiempo fuesen a dar con con el hombre que había tenido atemorizada a toda la ciudad y que había sido el culpable de la desaparición de al menos una veintena de chicas todas jovenes entre los quince y los veinticinco años.

Poco se sabía de las victimas, el único denominador común es que todas fueron raptadas cuando se encontraban practicando deporte; quizás por eso la prensa lo había bautizado como El depredador del running. A pesar de tener algunos datos, algún posible sospechoso, en realidad no se conocía casi nada del posible culpable. Por eso tardaron tanto en tener alguna pista, no fue hasta que dieron con un conocido que se convirtió en su confidente a cambio de la promesa de una rebaja en su condena que pudieron obtener unos datos mucho más fidedignos que los habían llevado hasta ese momento, en esa casa perdida en medio de un bosque.

- Hay que reconocer que el cabrón es listo.- pensó el capitán al ver el lugar mientras organizaba a sus hombres con intención de rodear aquella vieja cabaña.

Con sigilo, fueron colocándose en sus respectivos puestos. Todo estaba en completo silencio, tan solo se escuchaba el rumor del viento invernal. Aunque pronto se percataron de que una de las ventanas estaba ligeramente abierta.

- Genial, puto pringado- se dijo el capitán Serón mientras cargaba su arma dispuesto a tirar aquella puerta abajo.

Desde fuera se escuchaba el murmullo de algunas voces y lo que parecía una televisión. Además de sentir también un olor, por lo visto estaban cocinando pues a Serón le recordó al olor de la fabada asturiana que su abuela siempre hacía. Eso le trajo tantos recuerdos de su infancia de sus veranos en el pueblo en Asturias, sus paseos en bici… El agua fresca del río que chocaba contra las piedras y les mojaba los pies.
Por un momento no pudo evitar distraerse y olvidarse de lo que habían ido a hacer hasta ese recóndito lugar atrapado entre altos árboles y espeso bosque donde no se oía apenas un alma.

Él mismo contó mentalmente 1...2...No llegó a la cuenta de tres cuando echó la puerta abajó a lo Chuck Norris, pero asemejándose más a Torrente.

-¡Quieto todo el mundo, policía!

¿Quieto todo el mundo? ¿quietos quién si hay no había un alma? Tan solo Serón y sus hombres. Se encontraron con un mugriento comedor, una mesa de madera, un par de sillas y un sofá… Eso sí, una televisión de 36” que en ese momento se encontraba encendida retransmitiendo el Barça-Real Madrid...Ganaba el equipo culé.

- Capitán. Tiene que ver esto.- dijo entonces una chica de cabello castaño y profundos ojos marrones.

-¿Que pasa Cuesta?

Serón la siguió hasta un cuarto al final del pasillo, donde al entrar olía a orines. Aunque lo importante no fue eso. Lo importante fue encontrarse a quienes estaban buscando, un grupo de chicas asustadas; que al ver sus uniformes sintieron como si se les hubiera abierto el cielo.

Cuando comenzaron a registrar la modesta propiedad. No encontraron nada, al menos nada que les sirviera porque además el muy miserable se había logrado escapar de nuevo.

Al regresar al comedor, otra vez ese olor que a Serón lo retrotraía a otros tiempos. Cuando fue a ver de qué se trataba ahí lo vio, sobre una mesa...Un plato de fabada asturiana, con sus alubias tan ricas todavía humeantes. En cuanto las vio se le hizo la boca agua, pero lo único que pudo hacer fue pensar.

- Se te jodió tu última fabada.