La última fabada
Después de varios meses de ardua
investigación, por fin todo estaba listo para echar a andar la
operación. Ahora sí lo tenían cercado gracias al chivatazo de un
confidente y por supuesto, a una ardua investigación por parte de
las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Al capitán Serón, le parecía
mentira, que después de tanto tiempo fuesen a dar con con el hombre
que había tenido atemorizada a toda la ciudad y que había sido el
culpable de la desaparición de al menos una veintena de chicas todas
jovenes entre los quince y los veinticinco años.
Poco se sabía de las victimas,
el único denominador común es que todas fueron raptadas cuando se
encontraban practicando deporte; quizás por eso la prensa lo había
bautizado como El depredador del running.
A pesar de tener algunos
datos, algún posible sospechoso, en realidad no se conocía casi
nada del posible culpable. Por eso tardaron
tanto en tener alguna pista, no fue hasta que dieron con un conocido
que se convirtió en su confidente a cambio de la promesa de una
rebaja en su condena que
pudieron obtener unos datos mucho más fidedignos
que los habían llevado hasta ese momento, en
esa casa perdida en medio de un bosque.
- Hay que reconocer que el cabrón
es listo.- pensó el capitán al ver el lugar mientras organizaba a
sus hombres con intención de rodear aquella vieja cabaña.
Con
sigilo, fueron colocándose
en sus respectivos puestos. Todo estaba en completo silencio, tan
solo se escuchaba el rumor del viento invernal. Aunque
pronto se
percataron de
que una de las ventanas estaba ligeramente abierta.
- Genial, puto pringado- se dijo
el capitán Serón mientras cargaba su arma dispuesto a tirar aquella
puerta abajo.
Desde fuera se escuchaba el
murmullo de algunas voces y lo que parecía una televisión. Además
de sentir también un olor, por lo visto estaban cocinando pues a
Serón le recordó al olor de la fabada asturiana que su abuela
siempre hacía. Eso le trajo tantos recuerdos de su infancia de sus
veranos en el pueblo en Asturias, sus paseos en bici… El agua
fresca del río que chocaba contra las piedras y les mojaba los pies.
Por un momento no pudo evitar
distraerse y olvidarse de lo que habían ido a hacer hasta ese
recóndito lugar atrapado entre altos árboles y espeso bosque donde
no se oía apenas un alma.
Él mismo contó mentalmente
1...2...No llegó a la cuenta de tres cuando echó la puerta abajó a
lo Chuck Norris, pero asemejándose más a Torrente.
-¡Quieto todo el mundo, policía!
¿Quieto todo el mundo? ¿quietos
quién si hay no había un alma? Tan solo Serón y sus hombres. Se
encontraron con un mugriento comedor, una mesa de madera, un par de
sillas y un sofá… Eso sí, una televisión de 36” que en ese
momento se encontraba encendida retransmitiendo el Barça-Real
Madrid...Ganaba el equipo culé.
- Capitán. Tiene que ver esto.-
dijo entonces una chica de cabello castaño y profundos ojos
marrones.
-¿Que pasa Cuesta?
Serón la siguió hasta un cuarto
al final del pasillo, donde al entrar olía a orines. Aunque lo
importante no fue eso. Lo importante fue encontrarse a quienes
estaban buscando, un grupo de chicas asustadas; que al ver sus
uniformes sintieron como si se les hubiera abierto el cielo.
Cuando comenzaron a registrar la
modesta propiedad. No encontraron nada, al menos nada que les
sirviera porque además el muy miserable se había logrado escapar de
nuevo.
Al regresar al comedor, otra vez
ese olor que a Serón lo retrotraía a otros tiempos. Cuando fue a
ver de qué se trataba ahí lo vio, sobre una mesa...Un plato de
fabada asturiana, con sus alubias tan ricas todavía humeantes. En
cuanto las vio se le hizo la boca agua, pero lo único que pudo hacer
fue pensar.
- Se te jodió tu última fabada.
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