O tempo pasa
Como cada día desde
hacía ya un tiempo, se levantó a la misma hora. Sabía que ya no era necesario,
pero tal vez era la fuerza de la costumbre; de la rutina diaria que había
llevado a cabo durante los últimos años la impulsaba a Joxe a despertarse cada
día.
Con cuidado de no
despertar a su mujer, fue al baño, hizo lo que tenía que hacer. Después se
dirigió a la cocina, se hizo un café bien cargado y se fue hacia la terraza
donde se sentó en su silla de plástico, aquella que compró ya hacía tiempo para
ir a la playa. Desde ese lugar privilegiado, posó su mirada en el horizonte con
vistas a La Ría. Desde allí podía ver los barcos que dentro de poco saldrían a
faenar.
Desde hacía cinco años
que ya no era percebeiro. Un oficio
muy duro al que se había dedicado desde los doce años, cuando su padre lo llevó
por primera vez al mar. A partir de ése día, el mar se había convertido en su
fiel amigo y compañero y ahora que le había llegado el momento del retiro, de
dar paso a las nuevas generaciones como la de su hijo Martiño, que a pesar de
haber estudiado una carrera, tuvo que agarrar el testigo de su padre debido a
la falta de oportunidades en su profesión.
En un momento dado se
levantó algo de aire. Una fresca brisa, que si bien no le molestó, sí le
provocó una ligera sonrisa. Pensó entonces en su mujer, Carmiña diciéndole: “Carallo
Joxe. Abrígate bien. ¿No ves que te vas a
congelar home?”
“Muller, tranquila. ¿No
ves que estás casada con un viejo lobo de mar home?“le respondía el siempre,
entre bromas.
A lo que ella, siguiéndosela
siempre le contestaba:
“Viejo lobo de mar…-
musitaba ella entre dientes.- Será más viejo que lobo.”
Una broma mutua, que
siempre le causaba mucha gracia a Joxe.
Mientras veía a los
marineros preparar los diferentes aparejos necesarios para salir a la mar, Joxe
volvió a recordar a su hijo y el día en que éste le anunció que iba a tomar su
testigo en El Carmiña, el barco que
con trabajo y esfuerzo logró comprar aunque tuviera que endeudarse hasta las
cejas.
“Pero fillo. ¿Como vai
saír o mar?” “No ves que es una vida muy sacrificada. Además, no trabajé tanto
para pagarte tus estudios y que ahora, tú hagas lo mismo que yo”.
“¿Y qué quieres que
haga papá? Si non teno traballo. De algo tendré que vivir, digo yo.”
Por mucho que Martiño
quería convencer a su padre, Joxe se sentía frustrado. Todo por culpa de la
maldita crisis que estaban acabando con las oportunidades de las nuevas
generaciones.
El sol comenzó a
despuntar en el horizonte cuando las bocinas de los barcos anunciaban su
salida. Entonces Joxé los miró por última vez, levantó la mano para saludarlos
aunque desde donde él estaba difícilmente alguien lo podría ver.
Y mientras escuchó a
Carmiña acercándose, los veía alejarse en busca de una nueva oportunidad para
traer un jornal a sus familias, él los vio alejarse sintiendo no solo
nostalgia; sino también deseando recordar ese momento aunque no estaba muy
seguro de que su mente pudiera hacerlo la próxima vez.
Quizás por eso, unas
leves lágrimas se deslizaron por sus mejillas mientras pensaba.
“O tempo pasa carallo.
O tempo pasa”.
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