viernes, 31 de agosto de 2018

Distopia Racial


Distopia Racial
El sol resplandeciente se reflejaba a primera hora de la mañana sobre el extenso campo de vides mientras los rayos atravesaban su blanca espalda ancha.
Mientras trabajaba extrayendo unos racimos de una de una de las vides, lo hacía como todos los demás completamente en silencio, inmerso en sus propios pensamientos; pues a pocos metros tenían a Hassam con su cara de pocos amigos, que no dejaba de vigilarlos a todos como si se tratara de un perro guardián dispuesto a aprovechar para abalanzarse sobre ellos blandiendo su látigo sediento de sangre.

En medio de la quietud, se puso a pensar en cómo la vida los había llevado a todos los que eran como el, ha esa situación en la cual se encontraban ahora, siendo esclavos, meros seres que otros usaban a su antojo para su propio beneficio.

Estaba a punto de cumplirse ya un año desde que todo había cambiado cuando un ejercito formado por milicianos de África, Asia y America Latina habían conformado el Ejercito de Liberación Racial conformado por militares de esos continentes.
En poco tiempo todo se había convertido en un caos desde que La Moncloa, El Senado y El Congreso de los Diputados habían sido bombardeados causando el desconcierto total.
Instantes después de eso, en todos los canales de televisión simultáneamente había salido el general ugandés Samuel Mbate anunciando el cambio de destino del mundo y proclamando la victoria de las razas: “¡Ahora, el poder es nuestro!”

Desde ese preciso momento, las cosas habían dado un giro radical. Ahora los hombres blancos habían sido separados de sus familias, llevados a trabajar a los campos, las fabricas… Que habían sido confiscadas por lo que antes ellos creían que eran ciudadanos de segunda.
Ahora ellos tenían el mando: controlaban los bancos, la opinión publica...Y por supuesto, el nuevo régimen impuso sus propias reglas; los matrimonios entre personas de la misma raza estaban totalmente prohibidos, no existía el culto a ningún Dios y los puestos de mayor importancia en cualquier ámbito habían sido ocupados por mujeres.

Mientras pensaba en todo eso, sintió el trote del caballo del Amo como se aproximaba hacia el campo.

-¿Cómo va todo por aquí Hassam?

- Bien Amo. Aunque bueno, como siempre hay algún holgazán. Ya sabe como son estos blanquitos. Todavía no han aceptado que ahora es a ellos a quien les toca trabajar muy duro.

Esbozando una malévola sonrisa, el Amo asintió.

- Sí, pues habrá que enseñarles eh.

Mientras escuchaba hablar al Amo, no pudo evitar girarse y dirigirle una mirada retadora, como dándole a entender que no le tenía ningún miedo. Naturalmente éste se percató de ello.

-¡¿Y tú que miras, escoria blanca?!

Antes de que pudiera responder, el amo alzó su brazo, sosteniendo entre su mano negra el látigo que sin más ni más dirigió hacia él directamente.

A pesar del dolor que sentía y la humillación, no emitió ningún sonido. Tan solo pensó en que quizás, ese era un castigo que pudieran haberse merecido todos.

No hay comentarios: