jueves, 28 de diciembre de 2006

Extremo

Aquella calurosa y agobiante noche de principios de Septiembre, cuando el calor y el verano parecían desear permanecer impasibles, aquel tramo del barrio estaba más atestado que nunca, pero no debido a que gracias a la buena temperatura la gente hubiera deseado permanecer por allí por más tiempo entregándose al placer de unos tapas, o unas cervezas, no. El motivo que congregaba ahí a tanta gente era bien diferente, a pesar de que en un primer momento los transeúntes que estaban ajenos a lo ocurrido no lo entendía, solo comprendieron que algo extremadamente grave debía haber ocurrido cuando vieron sendos coches de los Mossos d’ Esquadra parados frente a un local, y por supuesto muchos de ellos llevados por la curiosidad de saber se fueron apelotonando entre todas aquellas personas entre preguntas insistentes para poder saciar su curiosidad “¿qué es lo que a pasado?”, “han matado a un hombre”, respondían algunos dispuestos a dar la poca información de la que disponían.
Y en efecto cuando algunos tuvieron la oportunidad de acercarse más al exacto lugar de los hechos entre golpes y empujones al resto de personas, pudieron observar que efectivamente a escasos metros de ellos había un hombre tendido en el suelo con la cara completamente convertida en una mascara de sangre y el cráneo abierto por la mitad como si fuera un melón a punto de ser degustado. Solo que en éste caso el interior del melón estaba igualmente envuelto en sangre, y era todo una masa de; vísceras y materia gris, regado todo por el pavimento de la calle.
Naturalmente todos comentaban el cruel crimen de aquel modesto empresario, que si bien no era excesivamente popular por la zona, sí lo suficiente como para que al menos algunas contadas personas supieran de quien se trataba. Y nadie se explicaba quien había sido capaz de hacerle algo semejante a una persona tan buena, tan afable con todo el mundo y sobre todo tan responsable y trabajadora.
Sin embargo ninguno de ellos podría ser capaz de encontrar respuesta a sus inquietudes, dado que obviamente no iban a ser contestadas por nadie. Con lo cual simplemente lo único que pudieron hacer al cabo de apenas unos momento fui unirse al resto de asistentes allí para vitorear y vociferar igual de indignados a la persona que en ese instante salía del establecimiento en el cual habían sucedido todos los hechos: un tipo de unos cuarenta y pocos años, de cabello negro, al menos un metro ochenta y cinco de estatura y complexión delgada.
Al escuchar los gritos y los insultos de “¡¡ASESINO!!”, “¡¡CRIMINAL!!”. El aludido a pesar de permanecer aún esposado, con las manos tras su espalda y siendo escoltado por una pareja de Mossos, tuvo al menos por un breve instante digamos que valor y el coraje suficiente para dirigirles a todas aquellas personas una mirada inquisitiva e incluso se podía decir de reproche porque de acuerdo lo que acaba de hacer era horrible, acababa de cometer un crimen asqueroso. Pero a pesar de eso él en ningún momento se sintió mal o culpable por ello, sino todo lo contrario, lo poseía un sentimiento de tranquilidad, de sosiego, estando convencido de que acababa de cometer realmente un acto de justicia.
Pero claro eso ninguna de aquellas personas lo comprendía, era muchísimo más facil insultarle y pedir para él el mayor de los castigos, antes que pararse a meditar y pensar en si existía algún motivo por el hubiera reaccionado así. Y lógicamente que la había, además una muy poderosa, muy fuerte, que podía contra cualquier otro sentimiento.

Todo había comenzado hacia apenas unas cuantas horas cuando después de una dura jornada de trabajo en el concesionario de coches del cual era copropietario junto a uno de sus mejores amigos de la época del colegio, desde hacia quince años, situado realmente a escasos metros de su casa, pues se encontró entre sorprendido y extrañado al entrar en la vivienda que a simple vista ni su bella esposa, ni su dulce hija se encontraban por ahí a la vista. Esto realmente le extraño, porque ellas no solían salir ya a esas horas.
Pero bueno antes de alarmarse o de preguntarse nada a cerca de su paradero, tomó la determinación de recorrer poco a poco la casa para ver si terminaba encontrándolas. Y para su gran tranquilidad finalmente al cabo de un momento más justo cuando estaba en la mitad del amplio pasillo de su vivienda entre su habitación de matrimonio y la de su hija, el tipo fue capaz de comenzar a escuchar una especie de susurros, como si alguien estuviera hablando en voz baja, aunque no solamente oyó eso si no que también para su completa incredulidad fue capaz de percibir digamos que nos quejidos, unos lamentos y todo esto provenía precisamente del cuarto de su adorable hija. Con lo que entonces movido por una gran curiosidad y un fuerte sentimiento de desasosiego, éste adelantó su mano hacia el pomo de la puerta para comenzar a girarla hasta lograr abrirla completamente. Por lo que mientras permaneció durante un breve espacio de tiempo en el umbral de la habitación de su hija, éste pudo observar como en efecto ahí se encontraban: Laura, su mujer y Laia, la hija de ambos.
Laura, era una atractiva mujer joven de unos treinta y siete años, de estatura media, aunque más bien alta, cabello castaño con algunas mechas rubias, de complexión delgada. De hecho era considerada una mujer muy atractiva no solamente por su propio esposo, sino ambos sabían que también por la mayoría de sus vecinos, a pesar de que eso a él no le importaba sino todo lo contrario se vanagloriaba de tener a su lado a alguien que era capaz de despertar tanta admiración, incluso algo de deseo, ¿por qué no? Con lo cual, tras contemplar como digo a su esposa desde el umbral de la puerta, el tipo se fijo entonces en Laia, su hija, que se encontraba entonces entre los brazos de su madre como recogida en un profundo abrazo.
Laia se puede decir que era algo así como la hija modelo: buena hija, mejor estudiante... Su promedio era de sobresalientes, en resumen algunos la definirían como la típica niña pija proveniente de una familia de clase media alta. Y seguramente tendrían razón, a fin de cuentas ella tenia la suerte de poder ir a estudiar a uno de los colegios más caros de Barcelona. Aunque además la adolescente tenia algo más y es que era un autentico ángel, una preciosidad de estatura alta para sus quince años, de pelo largo a la altura de los hombros de color negro, ojos marrones, y complexión delgada, pero con sus formas perfectamente delineadas por supuesto. Era digamos que la chica perseguida por todos, pese a que no por ello eso la convirtió en una chica creída y presumida.
Éste entonces al contemplar la escena que veían sus ojos en ese preciso instante, obviamente se extraño bastante. Le parecía significativo, por decirlo de algún modo, que Laia se encontrara en ese instante protegida por el regazo de su madre en un profundo abrazo. Y lógicamente inmediatamente se pregunto cual sería el motivo para semejante muestra de amor, porque es que por otro lado éste pudo percibir de seguida los sollozos de su pequeña tratándose de amortiguar entre los brazos de Laura. De manera que al encontrarlas así, el naturalmente inmediatamente deseó saber que era lo que ocurría ahí, cual era el motivo por el que su hija estaba en ese estado al parecer tan desesperado. Aunque sus dudas se acrecentaros cuando pudo percibir en Laura evidentes signos de llanto también, a juzgar por la rojez de sus ojos. Con lo que ésta ultima pista fue la que provocó ya sí definitivamente su mas profunda intriga, sus ansias de saber que era lo que ahí estaba sucediendo.
En un principio madre e hija quisieron intentar disimular su estado, eran conscientes de que si le decían la verdad podría ocurrir cualquier cosa. Por ello ambas trataron de ocultarle la verdad como buenamente pudieron, no solo por temor a su reacción, sino por el miedo propio que sentían por lo acaecido. No obstante y para su desdicha, la astucia de él pudo mas que todos sus intentos vagos por ocultarle la verdadera razón de su comportamiento tan intrigante. De forma que comenzó a interrogar a ambas mujeres de formar sucesivamente insistente sobre que era lo que había pasado, porque lógicamente por el estado de las dos se podía deducir que de algo muy importante se trataba.
De manera que tras mucho insistir, Laura le dirigió a su hija una mirada cómplice al tiempo que le pedía.
- Díselo, díselo de una vez hija.
-¿El que?, ¿qué es lo que me tienes que decir, Laia?- preguntó intrigado su padre.
Por un breve instante la chica le dirigió a su madre una mirada lastimosa, temerosa...
- Pero mamá... Recuerda lo que me acabas de prometer. Me dijiste que seria un secreto entre nosotras dos, que papá no se enteraría. Si lo hace...
-¿Qué ocurre chicas?, ya me estoy preocupando eh. ¿Qué es eso de lo que no he de enterarme, Laia?
- Papá...
Con lo que de repente como si una fuerza la hubiera invadido, Laia tomó fuerzas no sabia ni de donde, para comenzar a relatarle a su padre la verdadera razón de su angustia entre lagrimas de desesperación.
Y lo que ésta le relato a su padre fue algo absolutamente monstruoso, asqueroso, atroz... A partir de ese instante éste tuvo que prepararse bien para escuchar de boca de su propia hija el triste relato de lo que acababa de vivir aquella misma tarde a la salida del colegio cuando hubo pasado un momento por el concesionario que su padre regentaba junto a su gran amigo, Xavier.
Laia entre lagrimas de miedo le explicó a su padre, como su mejor amigo la había recibido al no encontrarlo a él que se encontraba en la otra punta de la ciudad haciendo unas importantes gestione. Durante algún rato inicialmente el hombre se había comportado normalmente con ella, igual de cariñoso, bromista y afable que siempre, para Laia el mejor amigo de su padre era algo así como su tío postizo. Nada le hizo presagiar a Laia los terribles acontecimientos que estaba a punto de vivir en carne propia. Y es que de un momento a otro, Xavier se fue acercando cada vez más a ella con la excusa de tenerla mas cerca para entablar una conversación digamos mucho más próxima. Algo que a Laia ni le extraño, ni muchísimo menos le molesto obviamente, a fin de cuenta se trataba de alguien como decimos de su mas entera confianza. Aunque entonces de pronto algo en ésta hizo que empezara a inquietarse, y es que de buenas a primeras el amigo de su padre se mostró dispuesto a iniciar un acercamiento mucho más próximo a la menor, tal es así que de buenas a primeras y con la excusa de ser solamente un inocente gesto cariñoso que un tío postizo le profería a su sobrina, el hombre alargó su mano hacia el carnoso y medio desnudo muslo de la adolescente cubierto nada más que por la corta minifalda del uniforme escolar que en esos instante llevaba puesto y que consistía a parte de en una corta minifalda por encima de las rodillas, en una blusa de seda de color blanca con el escudo de la institución escolar al lado izquierdo, que ésta en ese preciso instante llevaba desabotonado en dos o tres botones escasos, comenzando entonces a acariciarle excesivamente dicha parte de su cuerpo mostrándose dispuesto a ascender cada vez más hacia arriba tratando de llegar a su sexo.
Evidentemente desde el momento en el que Laia se dio cuenta de que aquello no era normal, pronto trato de luchar contra su agresor, queriéndolo empujar, pegándole leves puñetazos en el pecho. Pero esa actitud en lugar de molestarlo, hizo que Xavier se excitara cada vez más hasta el punto de perdiendo los nervios por el comportamiento de Laia proferirle un fuerte tortazo en la mejilla con la mano que a esas horas aun se encontraba marcada en su angelical rostro.
Tal y como cabía esperar el rostro de su padre a medida que iba escuchando su relato fue de absoluta indignación. Aunque de todas manera ya que había comenzado, ella se decidió a contarle absolutamente toda la historia de principio a fin y así fue como continuo contándole el modo en el que su amigo cada vez se iba poniendo mas violento con ella, ya que su actitud para con el lejos de molestarle le daba fuerzas, lo excitaba por completo. Laia le contó a su padre como pese a tratar de zafarse de su agresor, desafortunadamente no fue capaz de hacerlo, echo que provoco que éste acabara saliéndose con la suya y antes de que ella pudiera reaccionar una vez más acabó por abalanzarse sobre su frágil cuerpo y rasgarle sus ropas para acabar forzándola a mantener el acto sexual.
Evidentemente después de todo lo relatado por su hija, el tipo se lleno de ira, de indignación... En tan solo unos minutos sintió que un cúmulo de sentimientos negativos lo invadían, por lo que antes de que las mujeres pudieran reaccionar, él hizo algo que ninguna de las dos se espero.
Y de esa forma fue como él salió corriendo de la vivienda como una exhalación.
Ya en la calle mientras parecía que todo se nublaba a su alrededor, lo que único que el hombre parecía tener claro era que no podía dejar las cosas así. Lo que su pequeña hija había sufrido debía ser reparado y él estaba dispuesto a lograr que su amigo reparara la falta que cometiera hacia apenas unas horas.
Cuando se presentó en el lugar el agresor lo saludó como siempre, notando que el otro estaba como raro, pero sin embargo no percibió nada extraño hasta que su socio y amigo comenzó a increparle que ya estaba al tanto de lo ocurrido con su hija.
Lógicamente inicialmente el agresor trató por todos los medios de negar su crimen, cosa que provoco que el padre de Laia se enfureciera aun mucho más. Tanto es así que tras una tensa discusión que por momentos iba ascendiendo de todo a tal punto que Xavier ya ni siquiera se molesto en negar lo que había echo, sino que por el contrario comenzó a mofarse y a insultar a la adolescente asegurando ante su progenitor que era poco menos que una zorra calenturienta, el padre de la muchacha acabó por perder los nervios, de pronto todo se nublo nuevamente a su alrededor, era como si su mente comenzara a darle vueltas sin sentido, y un espíritu maligno se adueñara de su ser reclamando justicia. De modo que lo único que pudo hacer, fue echar sus brazos hacia atrás como en un impulso hasta que una de ellas se topó con un objeto duro, redondo que sin ser consciente asió fuertemente para a continuación posarlo con gran dureza sobre el cráneo de su amigo para acto seguido estando como poseído por una súbita fuerza empezar a propinarle fuertes golpes en la cabeza hasta que un gran torrente de sangre brotó de la cabeza del agresor de su hija.
Una vez el cuerpo de Xavier hubo caído inerte al suelo, su agresor sin tal vez ser realmente consciente de lo que había hecho, del crimen que cometiera a pesar de que para él significara un acto de justicia. En realidad no hizo nada por huir del lugar de los hechos, sino que por el contrario se quedó quieto en el lugar hasta que rato después una patrulla de los Mossos d’ Esquadra se presentara en el establecimiento alertado por un vecino que escucho signos de pelea en el interior.
Por supuesto el hombre no opuso ningún tipo de resistencia cuando los agentes llegaron, ya que en realidad ni siquiera pudo ser capaz de articular palabra, era como si con ese acto que cometiera se sintiera simplemente en paz, estando sobre todo absolutamente seguro de que en realidad se había tratado de un acto de justicia sin más.
Por ello no entendió los gritos y los insultos de los allí congregados, ¿qué habrían hecho muchos de ellos en su situación?, ¿acaso hubieran podido permanecer tranquilos?

No hay comentarios: