El insoportable ronquido del rinoceronte
Las dos, las tres, las cuatro de la mañana y ella todavía no había
pegar ojo por culpa de aquel maldito ruido atronador. Era como si un
rinoceronte se hubiera instalado en su habitación y con sus bufidos
estuviera haciendo retumbar todos los cimientos de la casa.
¡¿Es que no tenía la más mínima consideración?! Ella debía
levantarse a las seis para ir como cada día al hospital, y no había
logrado dormir nada por su maldita culpa.
Ya lo había probado absolutamente todo: chasqueo de lengua, codazos,
empujones...Pero aún así él no había dejado de roncar. Era como
un tractor que no acababa de arrancar.
En alguna parte había leído una vez, que el que tu pareja roncara
podía ser incluso causal de divorcio. Pero si encima sentías que el
amor se había terminado, pues con más razón, ¿no? Definitivamente
en cuanto despertase le pediría el divorcio, y que no le saliera con
excusas eh, porque pensaba ser inflexible. ¡El no dormir se iba a
acabar! No pensaba soportar más sus insufribles ronquidos. ¿Quién
se creía ese rinoceronte con cuerpo de hombre para no dejarla
descansar cuando sabía que necesitaba dormir al menos ocho horas
diarias?; ¿no era consciente de que su trabajo conllevaba tener las
vidas de seres humanos en sus manos?
En vista de que no podía conciliar el sueño, entonces apoyando el
codo sobre el colchón y la mano sobre su cabeza lo único que pudo
hacer fue contemplarlo mientras dormía plácidamente y veía como
algunos de los pelos de su bigote se movían al compás de su
respiración.
Lo observó dormir plácidamente. La verdad es que a pesar de todo
debía reconocer que aún y con el paso de los años, conservaba
cierto atractivo. Ese pelo y ese bigote canosos todavía eran capaces
hasta de hacer que algunas se giraran. El problema era que ése, ya
no era su caso...Lo quería sí, tampoco podía decir lo contrario,
pero la verdad es que ya no le despertaba los mismos sentimientos de
antes...O eso creía ella. Ahora lo veía más como un compañero, un
amigo...Alguien que la hacía reír, por el que sentía un especial
afecto pero ya no despertaba en ella aquella pasión de hacía años
cuando se conocieron en la universidad.
Tras más de treinta años de matrimonio en el que habían sido
felices, de un tiempo a esa parte todo le molestaba: su voz, su
impaciencia, su risa...Pero sobre todo ese sonido insoportable que
hacía al roncar. Le resultaba absolutamente insufrible y por más
que intentaba tener paciencia, no lo conseguía.
Y lo cierto era que en cierto modo se sentía un poco culpable de sus
sentimientos. Pero, ¿qué podía hacer si ya no le despertaba ningún
tipo de sentimiento “pasional”? Ni siquiera recordaba la última
vez que habían hecho el amor: ¿fue hace una semana?..No, no seguro
hacía más tiempo. Quizás tres meses...¡O incluso un año! Sí,
seguramente ese era el tiempo que llevaba sin tocarla. Lo peor era
que al principio lo echaba de menos, pero ahora ya no. De hecho en
ese momento hasta agradecía que ya no quisiera tener nada con ella.
A lo mejor para otra mujer eso hubiera sido señal de alarma, pero en
su caso no. En su caso era todo lo contrario, más una liberación
que una pena. Por eso a pesar de que le daba vueltas a la cabeza y
una parte de sí quería seguir manteniendo ese matrimonio, estaba
decidida a romper con el...¿O no..?
La verdad es que se encontraba ante una de las más grandes
disyuntivas de su vida. ¿Seguir con alguien con quien sentía que ya
no le unía absolutamente nada? ¿O continuar dándole una
oportunidad a una relación que no sabía si ya estaba muerta o no?
En ese momento vio la almohada sobre la que se encontraba apoyada.
¿Lo haría? Sí...Quería hacerlo, pero, ¿seria capaz?. Como movida
por un resorte, un impulso instintivo agarró la almohada con las dos
manos, levantó los brazos y entonces…
-¡Ey. ¿Qué pensabas hacer eh?!- preguntó él entre risas
adivinando las intenciones de su mujer.
-¡Mierda! Se ha despertado el rinoceronte.- pensó para sí misma.
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