jueves, 20 de diciembre de 2018

El insoportable ronquido del rinoceronte


El insoportable ronquido del rinoceronte
Las dos, las tres, las cuatro de la mañana y ella todavía no había pegar ojo por culpa de aquel maldito ruido atronador. Era como si un rinoceronte se hubiera instalado en su habitación y con sus bufidos estuviera haciendo retumbar todos los cimientos de la casa.

¡¿Es que no tenía la más mínima consideración?! Ella debía levantarse a las seis para ir como cada día al hospital, y no había logrado dormir nada por su maldita culpa.
Ya lo había probado absolutamente todo: chasqueo de lengua, codazos, empujones...Pero aún así él no había dejado de roncar. Era como un tractor que no acababa de arrancar.

En alguna parte había leído una vez, que el que tu pareja roncara podía ser incluso causal de divorcio. Pero si encima sentías que el amor se había terminado, pues con más razón, ¿no? Definitivamente en cuanto despertase le pediría el divorcio, y que no le saliera con excusas eh, porque pensaba ser inflexible. ¡El no dormir se iba a acabar! No pensaba soportar más sus insufribles ronquidos. ¿Quién se creía ese rinoceronte con cuerpo de hombre para no dejarla descansar cuando sabía que necesitaba dormir al menos ocho horas diarias?; ¿no era consciente de que su trabajo conllevaba tener las vidas de seres humanos en sus manos?

En vista de que no podía conciliar el sueño, entonces apoyando el codo sobre el colchón y la mano sobre su cabeza lo único que pudo hacer fue contemplarlo mientras dormía plácidamente y veía como algunos de los pelos de su bigote se movían al compás de su respiración.
Lo observó dormir plácidamente. La verdad es que a pesar de todo debía reconocer que aún y con el paso de los años, conservaba cierto atractivo. Ese pelo y ese bigote canosos todavía eran capaces hasta de hacer que algunas se giraran. El problema era que ése, ya no era su caso...Lo quería sí, tampoco podía decir lo contrario, pero la verdad es que ya no le despertaba los mismos sentimientos de antes...O eso creía ella. Ahora lo veía más como un compañero, un amigo...Alguien que la hacía reír, por el que sentía un especial afecto pero ya no despertaba en ella aquella pasión de hacía años cuando se conocieron en la universidad.

Tras más de treinta años de matrimonio en el que habían sido felices, de un tiempo a esa parte todo le molestaba: su voz, su impaciencia, su risa...Pero sobre todo ese sonido insoportable que hacía al roncar. Le resultaba absolutamente insufrible y por más que intentaba tener paciencia, no lo conseguía.
Y lo cierto era que en cierto modo se sentía un poco culpable de sus sentimientos. Pero, ¿qué podía hacer si ya no le despertaba ningún tipo de sentimiento “pasional”? Ni siquiera recordaba la última vez que habían hecho el amor: ¿fue hace una semana?..No, no seguro hacía más tiempo. Quizás tres meses...¡O incluso un año! Sí, seguramente ese era el tiempo que llevaba sin tocarla. Lo peor era que al principio lo echaba de menos, pero ahora ya no. De hecho en ese momento hasta agradecía que ya no quisiera tener nada con ella. A lo mejor para otra mujer eso hubiera sido señal de alarma, pero en su caso no. En su caso era todo lo contrario, más una liberación que una pena. Por eso a pesar de que le daba vueltas a la cabeza y una parte de sí quería seguir manteniendo ese matrimonio, estaba decidida a romper con el...¿O no..?
La verdad es que se encontraba ante una de las más grandes disyuntivas de su vida. ¿Seguir con alguien con quien sentía que ya no le unía absolutamente nada? ¿O continuar dándole una oportunidad a una relación que no sabía si ya estaba muerta o no?

En ese momento vio la almohada sobre la que se encontraba apoyada. ¿Lo haría? Sí...Quería hacerlo, pero, ¿seria capaz?. Como movida por un resorte, un impulso instintivo agarró la almohada con las dos manos, levantó los brazos y entonces…

-¡Ey. ¿Qué pensabas hacer eh?!- preguntó él entre risas adivinando las intenciones de su mujer.
-¡Mierda! Se ha despertado el rinoceronte.- pensó para sí misma.

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